FERVOR EFÍMERO – Víctor Bottazzi

¿Te acordás de Lula? Si, ese que fue presidente de Brasil y lo metieron en cana. Bueno, un par de días antes de su juicio, en las redes sociales se podía ver el descontento o podríamos decir incluso la protesta por su reclusión que un grupo de la sociedad o lado de la grieta consideraba injusto, aparecieron incluso marcos en las fotografías de perfil con la leyenda “O povo quer Lula Livre” (el pueblo quiere a Lula Libre). La gran mayoría de estos estados, para no hacer una generalización, desaparecieron de los muros y fotos de perfil un par de días después del encarcelamiento.

Quizás hoy haya otras cosas que preocupen a los miembros de una red social, dado que al entrar a cualquiera de estas, los estados y las opiniones dan cuenta de innumerables hechos sociales considerados como injustos, o quizás la atención de aquella parte del pueblo defensora de un líder populista se desvíe hacia algún otro evento.

Como quiera que sea, teniendo en cuenta la existencia de hechos que no se corresponden con lo que se considera justo, la acción de un conjunto social dentro de las redes sociales no va más allá del cambio de marco de una foto de perfil, compartir una fotografía en acto de denuncia o escribir un estado-sentencia atribuyéndose quizás la investidura de un juez, cosa que no tiene mucho efecto si bien se mira dado que las nombradas injusticias no dejan de estar.

En el discurso brindado por Lula antes de empezar a cumplir su condena hace una crítica al poder judicial o al ejercicio de sus funciones: Ahora, ¿cuál es el problema? Es que usted no puede hacer juicio subordinado a la prensa. Porque en el fondo, en el fondo, usted destruye a las personas en la sociedad, en la imagen de la gente, y luego los jueces van a juzgar y van a decir: yo no puedo ir contra la opinión pública, porque la opinión pública está pidiendo una cacería. Si tenemos en cuenta a la opinión pública como la preferencia o pensamiento de un conjunto de una sociedad o de la sociedad misma, existen instrumentos como el plebiscito para dar cuenta de esta opinión.

Lo anterior paso en nuestro país hace no mucho, es decir, el encarcelamiento de una persona por un poder judicial que toma como evidencia aquello que la opinión publica considera como verdad. Ante esto podemos detenernos e intentar establecer una observación mediante un aporte de Enrique Pichón Riviere. El esquema de la escuela francesa, interpreta el fenómeno de opinión como la adhesión a fórmulas determinadas, como una actitud que puede ser evaluada según una escala. Los estudios sobre opinión tratan de delimitar el concepto, definirlo como fenómeno social, investigando el medio de donde emerge, estudiar su influencia en los contactos sociales que se establecen entre los grupos de diferentes ideologías y elaborar técnicas adecuadas para su investigación. De un análisis comparativo de los conceptos de eficiencia, duda, rumor, surge que la opinión es un juicio que el hombre formula para evadirse de la duda, pero cuya motivación se relaciona con otros problemas que son desplazados sobre él.

De todas maneras, el objeto al que se dirige la opinión aparece como oscuro, y la inteligencia no se aferra a él como la certeza. Por eso la adhesión a la opinión no será total, ya que el miedo a errar por una mala elección está en el centro mismo de la cuestión. Y aunque ese temor permanezca implícito, la opinión está siempre rodeada de miedo, lo que no sucede en la certeza. La función operativa de la opinión es arrancar al sujeto de la inquietud de la duda y darle reposo con la creencia de que está en lo cierto (Copyright by PRIMERA PLANA 06 de julio de 1966).

 

Teniendo en cuenta los actos llevados a cabo por las personas que componemos la sociedad, en las redes sociales, la veracidad de un hecho es algo que no es tenido en cuenta a la hora de realizar una publicación. De hecho es tan sencillo como apretar el botón de compartir, demás está decir que el botón de verificar la publicación no existe.

¿Podrá acaso considerarse aquello que la prensa publica como opinión pública? ¿Podrá considerarse a lo que expresan las personas a través de una red social como opinión pública? ¿Podrán considerarse a alguna de estas dos anteriores como objetivas o veraces?

Probablemente no sirva de mucho hacernos estas cuestiones. Con lo anterior quiero decir que ya será subjetivo el hecho de una persona se cuestione la veracidad de los discursos del contexto a los cuales adhiere y también sus publicaciones en alguna red social.

¿No debiéramos preguntarnos si la prensa tiene o detenta un poder que no lo tiene el poder judicial?

Hace no mucho empezó a circular un video por las redes de Darío Sztajnszrajber explicando el concepto de posverdad. Explicaba que desde los medios se puede conceptualizar a la posverdad como consensos generados desde ciertos estratos de poder con el objetivo de que determinados discursos o sentencias son aceptados como verdades indiscutibles. Independientemente de que las personas tengan el conocimiento de que los discursos son más literarios que literales, es decir, que están más cerca de la ficción que de la veracidad, que estos discursos sigan siendo sostenidos por algunas personas demuestra necesidad de creer. Los motivos pueden ser varios, utilidad económica, pertenencia a un grupo, porque entrama con sus intereses nos decía Darío.

Para explicar el funcionamiento del concepto de posverdad desde los medios de comunicación, lo citó a Foucault que trata de correrse de una concepción represiva del poder, de que el poder no usa la coerción para imponer. A partir de nuestros tiempos se cambia la coerción por normalización.

El poder, estratos de poder o clases que ejercen el poder construyen modos de pensamiento y de comportamiento de las personas, sin ir más lejos, y ocupando un ejemplo anterior, hay personas que adquieren la investidura de un juez que dicta una sentencia y esta es firme separadamente del hecho de que sea verdad o falsedad o incluso, este vulnerando derechos abiertamente, porque la verdad expuesta adquiere el carácter de norma y la norma es incuestionable. Podríamos pensar ahora ¿Cuánto poder tienen sobre nosotros los medios de comunicación?

¿Qué tan publica será la opinión que tenemos? ¿Es de nuestra autoría? ¿Salió de un proceso intelectual nuestro?

Es complejo de responder, estaríamos casi en la admisión de un engaño. Tratemos de escaparnos aunque sea un poco del análisis del engaño al que hemos sido sometidos y pensemos en lo que dijo Lula… si, ese mismo, el que fue presidente de Brasil y lo metieron en cana. Habló de un hecho y es que la prensa influye en las decisiones que toma un juez. Podemos agregar también la influencia en las ideas sostenidas por las personas que tienen una red social, que hoy somos muchas, como también la disponibilidad de los contenidos informativos. Parecen así los medios, con nuestra complicidad, los creadores de una opereta de la cual es difícil escapar no porque cueste trabajo pensar, sino que cuesta trabajo dejar de creer y con este último acto perder la seguridad que tenía en mí mismo, un mí mismo normalizado. Dostoyevski dijo que la mejor manera de evitar que un prisionero escape es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión.

¿Qué habrá afuera de la cárcel? ¿Qué habrá más allá de nuestros parpados?

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